lunes, 25 de julio de 2011

Accattone, de P.P.Pasolini




Hoy no me encuentro muy bien, quizás escriba triste. He visto Accattone de Pasolini. Trata de un joven romano, chulo de putas, que vive a costa de las mujeres como su profesión indica. Fue la primera película de Pier Paolo. El tema del cristianismo sobrevuela toda la historia, un cristianismo entendido como sacralización de todo, de la miseria y de las clases más populares; algunas escenas recuerdan al Evangelio según San Mateo, también de Pasolini.



Los personajes aquí retratados son abúlicos pues se creen condenados a permancer donde están, no desean medrar como sí lo intenta el personaje de Ana Magnani en Mamma Roma. Aquí hay rebeldía, rabia y pasotismo y finalmente muerte. Nada se puede hacer, pero se nos ofrece una visión espiritualizada de ellos; como hiciera Galdós en algunas de sus obras.








Accattone es fuerza, es desilusión, es miseria, es Cristo revivido, es una cadena de oro colgando de un cuello agreste.



No te la puedes perder. Bájatela del Emule. Un beso.

domingo, 24 de julio de 2011

Ossessione de Luchino Visconti




Estoy viendo/visualizando/oteando mucho cine italiano. Me gusta. Porque lo degusto y sé de qué va. El otro día (creo que fue ayer) me vi Ossessione, de Visconti. Me gusta el título porque tiene muchas eses. Como una serpiente seductora. I love you baby. La pinícula se basa en el libro de James M. Cain El cartero siempre llama dos veces, del que se hicieron otras dos películas en América, como quizás ya sabías, dado tu profundo conocimiento de la historia del cinematógrafo. En una sale Jessica Lange, que folla con Nickolson en una mesa embadurnada de harina, como animales, como cerdos, como hijos de puta. Esta de Ossessione es diferente, Visconti como es italiano e intelectual, se distanció del libro para darle su toque sibarita. Es en blanco y negro y con grano gordo. Salen actores italianos y uno español, que hace del marido gordo de la prota, se llama Juan de Landa, aquí mas info. La película está bien, la puse un 8 en Filmaffinity. Un saludo grande y muy fuerte.

jueves, 21 de julio de 2011

Mamma Roma, de P.P.Passolini.




He visualizado, a lo lejos, Mamma Roma, con la Magnani, que hace de puta, vieja, está buena, tiene buenas tetas, da morbazo, huele a coño y pisa con garbo. El hijo es un vivalavirgen, no se entera, que la vida no era esto, y acaba mal, en la mierda, muerto como un perro judío. Es en blanco y negro la película, la he visto a cachos. Mientas jugaba al poker con mi ordenador (MClan). Se reía como una destontonada la mamma, no sé si es el doblaje o qué. Fallo piii. Ay, las calles de Roma, las afueras, la periferia, muy postmoderno eso, les gusta mucho a los nocilleros y a Fernández Porta. Sale una canción de Joselito, el niño castrato y de piernas cortas, que ahora anda jodido, como un jilguerillo con las plumas mojadas. También salen algunas prostitutas muy guapas, actrices que hacen de prostitutas, pero no es que sean prostitutas en la vida real, jejje :S. La he puesto un 7, pero luego he subido a un 8, porque es de Passolini y porque me ha podido la presión de la tradición y de las opiniones mayoritarias.

miércoles, 20 de julio de 2011

Celebración de la vida, de todo



Miro a mi alrededor y lo veo todo bien,
en realidad, no es que esté bien,
sino que yo me fuerzo,
y así lo veo bien.
Pasa un viejo y yo veo a un anciano
y hablo con él y le acaricio las sienes.
El sol cae sobre mis hombros,
me los quema un poco,
pero yo me río.
Dos chicas se pelean en el metro,
y pienso que me gustaría abrazarlas,
un rato solo.
Me duele la tripa, pero me aguanto,
porque Dios lo habrá querido así.
Bebo gazpacho, frutos de la tierra.
Quiero sentirme gazpacho y me lo echo por la cara.
Estoy muy bien.
Todo bien.

martes, 19 de julio de 2011

Larra y el pirateo



Ando estos días leyendo los Artículos de Larra. Sorprenden por lo actuales que parecen en los temas que trata. Me están gustando mucho. Sólo conocía el famoso Vuelva usted mañana, pero tiene algunos muy atinados. Espero poner mañana algún fragmento de algún artículo.

Este fragmento forma parte de "Dos palabras", una especie de prólogo que colocó al frente de El Pobrecito Hablador:

cuando no se le ocurra a nuestra pobre imaginación nada que nos parezca suficiente o satisfactorio, declaramos francamente que robaremos donde podamos nuestros materiales, publicándolos íntegros o mutilados, traducidos, arreglados o refundidos, citando la fuente, o apropiándonoslos descaradamente, porque como pobres habladores hablamos lo nuestro y lo ajeno, seguros de que al público lo que le importa en lo que se le da impreso no es el nombre del escritor, sino la calidad de lo escrito, y de que vale mas divertir con cosas ajenas que fastidiar con las propias.

No estoy muy de acuerdo en las líneas generales de lo que dice, imagino que habrá algo de ironía en sus palabras. Aunque Larra se basó en muchos de sus escritos en artículos previos de un scritor francés muy conocido en la época, Étienne de Jouy.

martes, 5 de julio de 2011

Nunca estás a la altura (Cuento al estilo de Borges)



Aún recuerdo el día que recibí la notificación médica: el diagnóstico estaba escrito en una lengua antigua que no comprendía, en símbolos a los que califican de cuneiformes. Sólo entendí la firma del Dr. Wozniaki. El documento venía matasellado con fecha de una semana antes, el mismo día en que fui llevado a su consulta.

Me senté junto al placard, justo cuando timbraron la puerta. Era Pierre Menard, el viejo librero con quien tantas tardes compartía la soledad de mi estancia.

—Traigo una novedad desconcertante
Le miré de forma inquisitiva. Portaba un paquete frívolo entre sus brazos. Le invité a mantener una conversación alrededor de mi mesa de estudio. Allí, con un inusual acaloramiento, me habló atropelladamente de los sofistas, de Locke y de teorías políticas que yo ignoraba. Solícito, le preparé un coñac con hielo como él gustaba.
—Olvidemos las disquisiciones y hablemos del paquete
Pierre se secó nervioso la frente con el delicado pañuelo florentino que acostumbraba a llevar en el bolsillo de la chaqueta. Desveló el misterio abriendo el paquete, mirándome.
—Es el Evangelio de Judas. Se lo he comprado al embajador del recién creado estado de Israel, Krastowsky. Él me lo ha contado todo. Judas traicionó a Jesús para ser así castigado y sacrificarse por nosotros. Fue un acto de amor y nunca se ha dicho.
Era conocida por mí, la irrefrenable carrera que habría emprendido Pierre Menard desde años atrás hacia la locura. Algo de lo que yo era culpable en cierta medida al haberle invitado a las conversaciones que mantenía con algunos íntimos amigos en la sala de la Biblioteca Nacional. Esto, y la mucha lectura desordenada y un carácter fácilmente impresionable habían malogrado a Pierre.
Me despedí de él poco tiempo después.
Recostado en la butaca intenté atraer al sueño. El misterioso diagnóstico médico y la visita acalorada de Pierre me impedían dormir. La idea de permanecer en vela de forma ociosa durante la noche me apenaba, dado mi natural inclinación a la laboriosidad. Me dispuse pues, a ojear algunos libros de los que me había hablado Pierre que recordaba tener en algún lugar de mi amplia biblioteca.
Cuando estaba elevado en un viejo taburete, presente que me otorgó mi madre en alguna celebración onomástica, caí de forma vergonzosa con mi desobediente cuerpo hacia atrás, con la mala fortuna de golpearme la cabeza con el saliente de la ventana que daba al zaguán.
Quedé aturdido y tuve visiones espantosas, vislumbré un compendio de laberintos y espejos que me duplicaban infinitamente, riéndose de mi desgracia.


Cuando desperté me encontraba frente al Dr.Wozniaki. Unas paredes de piedra y una puerta enrejada delataban mi estado.
El Dr. Wozniaki se dirigió a mí con una seguridad impostada:
—Era inevitable que tu caótico devenir te condujera aquí. Y ahora existe una ardorosa razón. Ayer asesinaste de forma vil a Pierre Menard.
Me revolví iracundo ante esa cruel mentira pero el Dr.Wozniaki me tiró a la cabeza el libro que portaba entre las manos. Estuve a punto de desmayarme del impacto pero acerté a ver el título de aquella obra. "Vindicación del Evangelio según San Judas. Las apostasías actualizadas". El libro quedó abierto por la última página. Allí se encontraba pegado un folio con el informe médico que recibí el día anterior: mi nombre había sido borrado. Los símbolos cirílicos presentaban ahora una legible escritura romana. Donde decía diagnóstico, escrito en caracteres que imitaban letra antigua se añadieron estas palabras: División del yo. Crueldad infinita. Insomnio. Amnesia selectiva.
Me creí un monstruo. Creo recordar que intenté matar al doctor, pero guardias uniformados me maniataron.


Debió de ser a partir de aquello cuando me enviaron a este lugar donde un espejo intenta hacerme recordar quién soy. Si mi nombre es Jorge Luis y si mi apellido es Borges. Si estoy condenado a inventar historias que me interpreten o si soy yo el intérprete de estas historias. O qué cojones está pasando aquí. Hostias putas ya.

martes, 28 de junio de 2011

Eva Braun




Ella nació en Munich, en el seno de una familia de clase media emergente y católica.
Hija de un maestro y una modista.
Trabajó como asistente de fotógrafo.
Eva Braun era de personalidad simple, afable, bromista. No tenía maldad.
No tenía maldad.
Ella no sabía. Ella no sabía.
Perseguía ideales románticos. Solo amor. A veces, solo a veces.
No era muy aria. Ya, ¿y? Era divertida.
A Eva Braun le gustaba hacer fotos y grabarse en video. Eso le gustaba mucho.
Patinaba y reía. Patinaba y reía.
También nadaba a braza.
Era una mujer. Murió por el cianuro.
Ella no sabía.
Te perdono, te hubiera acariciado. Tú no sabías.
Eva, tú no sabías.
Sabías solo un poco.
No te dejaban aparecer públicamente con él. Eras una amante.
Tu no sabías.

Lo sabías.
Guarra, cerda, prostituta, hija de puta.
Me gustas.
Que no te juzguen. No tienen razón. Solo querías ser feliz.
Tú con él. Alemania dentro de ti.
Alemania besándote. Alemania dejando pelos en tu lengua.
Lo sabías Eva, lo sabías.

Eva Braun se casó con Adolf Hitler, Adolf Hitler con ella. Dicen que murió embarazada. Tuvo una vida feliz. Muy feliz. Se rió mucho y trabó relación con muchas personas.
Miles de personas.

viernes, 13 de mayo de 2011

A veces
solo a veces gran amor


A veces
alguien te sonríe tímidamente en un supermercado
alguien te da un pañuelo
alguien te pregunta con pasión qué día es hoy en la sala de espera del dentista
alguien mira a tu amante o a tu hombre con envidia
alguien oye tu nombre y se pone a llorar.

A veces
encuentras en las páginas de un libro una vieja foto de la persona que amas y eso te da un tremendo escalofrío
vuelas sobre el Atlántico a más de mil kilómetros por hora y piensas en sus ojos y en su pelo
estás en una celda mal iluminada y te acuerdas de un día luminoso
tocas un pie y te enervas como una quinceañera
regalas un sombrero y empiezas a dar gritos.

A veces
una muchacha canta y estás triste y la quieres
un ingeniero agrónomo te saca de quicio
una sirena te hace pensar en un bombero o en un equilibrista
una muñeca rusa te incita a levantarle las faldas a tu prima
un viejo pantalón te hace desear con furia y con dulzura a tu marido.

A veces
explican por la radio una historia ridícula y recuerdas a un hombre que en vida fue tu amigo
disparan contra ti sin acertar y huyes pensando en tu mujer y en tu hija
ordenan que hagáis esto o aquello y enseguida te enamoras de quien no hace ni caso
hablan del tiempo y sueñas en una chica egipcia
apagan las luces de la sala y ya buscas la mano de tu amigo.

A veces
esperando en un bar a que ella vuelva escribes un poema en una servilleta de papel muy fino
hablan en catalán y quisieras de gozo o lo que sea morder a tu vecina
subes una escalera y piensas que sería bonito que el chico que te gusta te violara antes del cuarto piso
repican las campanas y amas al campanero o al cura o a Dios si es que existiera
miras a quien te mira y quisieras tener el poder necesario para ordenar que en ese mismo instante se detuvieran todos los relojes del mundo.

A veces
solo a veces gran amor.

Jose Agustín Goytisolo

http://www.youtube.com/watch?v=N9eO2Fmcvm0

3 Microrrelatos

Microrrelato

Voy a escribir un microrrelato. Parece que están muy de moda últimamente. Muy acordes con estos tiempos nuestros tan veloces y donde prima lo instantáneo, o eso dicen. Aunque la verdad no sé sobre qué escribir, ni cómo, ni por qué. Tendré que elegir a un protagonista, a ser posible alguien con el que me identifique o al que odie. Luego ponerle a hacer algo, no sé muy bien el qué, algo banal, preferiblemente. Sería bueno que ese algo tenga un trasfondo, que parezca una cosa y sea en realidad otra, que trascienda en cierta manera para que tú, lector, te quedes pensativo o intrigado, y luego cerrarlo en un par de frases, agudas y llenas de ingenio, que descoloquen. Y luego ponerle el punto final. Tal que así.


Apunte al natural


10 de Mayo de 2010
Estoy desconcertado. Algo raro me ha sucedido hoy: en el descanso de media mañana tomando el café en el bar vi una servilleta de papel arrugada y pintarrajeada en el suelo. Como soy de natural curioso la cogí y leí lo que allí decía:
"Un día me morí. No recuerdo muy bien cuando fue exactamente ni cómo ocurrió todo. La espada que tengo clavada en el pecho me lo recuerda y, aunque ya no sangra debido al paso del tiempo, me molesta cuando ando. A veces temo caerme de bruces y que se me clave más profundamente de lo que ya lo está, pero luego me río para mis adentros al darme cuenta de que esto no agravaría la situación..."
Dejé de leer, intrigado, pues aquello me resultaba familiar. Me guardé la servilleta en el bolsillo y volví a la oficina. Esta tarde al llegar a casa, he rebuscado en mi viejo diario y he encontrado una anotación de hace hoy justamente un año, en las que repetía exactamente las mismas palabras que aparecen en la servilleta. No sé por qué pero este suceso me ha hecho dudar de si estoy vivo o no.

Yo

Desde hace un tiempo me vengo comportando de otra forma. Me encuentro con una amiga y me recuerda a una divinidad griega. Mi perro me parece que son todos los perros, como dijo Borges. Cuando te miro a ti veo a un personaje de Musil. Cuando voy al baño, me siento en la taza como pienso que lo habría hecho Kafka. Escribo SMS a la manera de Kierkegaard. Ando por la calle como Ramiro de Maeztu. Fumo como Onetti. Me rasco la cabeza como Galdós. Me acomodo los testículos como lo hubiera hecho Balzac. Eyaculo como Joyce. Conduzco como Sebald. Me río como Poe y lloro como Jorge Guillén. Mastico como Cervantes, me cepillo los dientes como Svevo e intento ligar como Pavese. Es decir, soy yo, tú, todos y ninguno.

domingo, 24 de abril de 2011

Opiniones (así sin ton ni son, a lo loco, según vengan, así a lo bobo, como un perro bobo, sin conocimiento ninguno, así por decir algo, no sé, como pff venga voy a decir algo y lo que salga, como un destontonao).


Hola, ¿qué tal? Voy a opinar sobre cosas.

La semana pasada tenía que coger un avión de Málaga a Madrid y cuando me dirigía al aeropuerto me di cuenta de que estos no pegan en nuestra sociedad actual, son anacrónicos; porque el autobusero que nos acerca al aeropuerto acaba de decir que ve un pograma y que esto que es lo que es, y nos comemos un bocata de choped y nos sacudimos las migas de un chándal que hace bolitas y de golpe entramos en un espacio limpio, amplio, enorme, que parece que viene del futuro para que disfrutemos en él, con tecnología punta, suelos encerados, trabajadores uniformados, cantidad de paneles con lucecitas que informan con códigos de letras y números sobre terminales y puertas de embarque. Y nos subiremos a un aparato que irá por los cielos a cientos de metros de altura y nos transportará de un lado a otro a una velocidad que ni imaginamos. Por ello pienso que los aeropuertos no pegan con nuestros tiempos, son demasiado avanzados y peligrosos, o nos ponemos todos a su altura o acabamos con los aeropuertos, porque hacen creer en un mundo más ordenado y eficiente; !y pensar que ya existían en los años 50!, !o antes!, !mundo de locos...!

Salamanca, desde el río Tormes


Pero no es de esto de lo que quería hablar en este mi espacio, sino de los documentales de la 2; yo soy muy de documentales de la 2, me gustan mucho, la verdad; sobre todo cuando analizan temas actuales, que se meten por las rendijas y los entresijos filosofo-social-economi-lírico-sexuales de nuestra contemporaneidad. Esto es lo que mas va. El otro día vi uno sobre la menstruación. Decían que la regla es un tabú, que denota suciedad, rotura, asco y olor y que hay que taparla. Antiguamente se pensaba que las mujeres con menstruación no podían regar las flores porque las secaban, ni tocar a los niños, ni otras muchas cosas. Me pareció curioso. Luego me quedé dormido.

También vi otro sobre el tráfico de armas. Hay gente que se dedica a eso. A vender armas, y saca mucho dinero así; vamos, más bien se forran. Pensé que para ganar mucho dinero en esta vida hay que dedicarse a sectores paralegales o ilegales. Tráfico de armas, de drogas, trata de blancas, evasión de impuestos o si no, ser alguien en un sector que le guste mucho a la gente, como el fútbol o el mundo del corazón o hacer algo muy extravagante, llamar la atención.

Luego pensé que para qué valía ganar tanto dinero, pensé que para comprar más cosas o mejores y que eso te llevaría a vivir más cosas o mejores, visitar más sitios, tener unas experiencias estrambóticas, conocer a chicas muy atractivas y mearte en todo. Pero en realidad esto se puede hacer con poco dinero, o más bien, para qué vale hacer todo esto, por qué no mejor vivir en el término medio, tomar leche de soja y vestir pantalones de pana. Si total, el día de mañana hemos de morir. Se hace raro pensar que vamos a morir algún día. No quiero que te sientas mal por ello, pero saberlo ya es algo.

Bueno, pues he de acabar ya este artículo de opinión tan bien estructurado, con sus ideas razonadas y sus conclusiones lógicas. Espero que te haya sido de cierto agrado el leerlo. Un besito.


(Estos escritos que voy poniendo son lo que voy haciendo en el taller literario de Fuentetaja)

domingo, 20 de marzo de 2011

En la línea de salida

Antonio Petigrew se encontraba aquella tarde-noche de sábado en la línea de salida de la prueba reina del atletismo de los Juegos Olímpicos de Atenas´2004: los cien metros lisos. Se había colocado ya las pegatinas con su dorsal a ambos laterales de su maillot y ahora procedía a realizar todo el ritual que venía haciendo desde que era un chaval y empezó a competir en su Macon natal. Palmadas fuertes en la cara anterior y posterior de los muslos para desentumecerlos, flexión de cabeza a ambos lados para relajar el cuello, besar y resguardar el crucifijo por debajo de la camiseta, sintiéndolo en su piel, respiraciones profundas y violentas y mirada concentrada en la recta que tenía por delante, usando una visión de túnel.

El speaker del estadio iba nombrando uno a uno a los participantes en la final. Antonio estaba en la calle 5, una de las calles centrales, las que reservan para los favoritos, y él sin duda que lo era. Cuando se anunció su nombre, el estadio se unió en sonoros aplausos y vítores. Antonio Pettigrew pensó entonces en su madre, que estaría entre el público, quizás ya emocionada. Había intentado convencerla para que le siguiera por televisión, pero ella quiso cruzar el océano en avión para estar cerca de él.


El estadio se había ido llenando a lo largo de la tarde y ahora lucía a rebosar. Era Atenas, cuna del olimpismo y era agosto, temporada cálida y propicia para este tipo de acontecimientos.

Antonio sabía que estaba ante uno de los momentos cruciales en su carrera deportiva y, por extensión, de su vida. Había llegado a la cita en un gran estado de forma física, con la mejor marca del año, y había que demostrarlo.



A su mente vinieron recuerdos de los duros entrenamientos a los que se sometía diariamente, las aburridas sesiones de gimnasio, la alimentación rigurosa, las transfusiones de sangre secretas, etc. Todo, para hacerlo bien durante menos de diez segundos. A esto se le sumaba el premio económico, unos 50 mil dólares pagados por el COI, el seguir recibiendo becas, el marketing y posibles nuevas campañas publicitarias, lo que le permitiría seguir con su estilo de vida, su casa en Miami, su deportivo y por qué no decirlo, las fiestas en las que abundaba el alcohol y las prostitutas de lujo a las que invitaba desprendidamente a amigos y conocidos.
Los fotógrafos se apelotonaban en la línea de salida inmortalizando los gestos nerviosos de los atletas. Del gentío de las gradas también salían flashes alternativamente.


El juez dio la orden de que se dirigieran a los tacos de salida; Antonio tragó saliva y respiró hondo y agachándose, dispuso su esforzada musculatura en una posición tensa, los brazos en línea, las piernas flexionadas, con una rodilla en el suelo y los ojos perdidos, mirando a lo lejos, al infinito.

- ¡Preparados!

El estadio enmudeció. Los videomarcadores retransmitían, agrandado, el crucial instante.

- ¡Listos!

Antonio Pettigrew, dorsal 21, nacido en Macon, GA, en 1987, con una mejor marca personal de 9.86, conseguida en los campeonatos nacionales de su país, levantó el culo y tragó saliva por última vez.

-¡Ya!

jueves, 3 de marzo de 2011

El subjuntivo de amar

Era mayo o así. La agitada clase de gimnasia había terminado y ahora volvíamos a estar en el aula, con Don Juan, el profesor que olía a rapé y a colonia de viejo. La mariconera posicionada a la derecha de su mesa, el vaso verde de plástico en el centro y el abrigo con forro de borrego colgado en el perchero y él sentado correctamente en su silla de profesor mientras explicaba la segunda parte y más difícil de las conjugaciones verbales, el subjuntivo. Todo en orden. Yo ame, tú ames, él ame. Interesante. Yo, muy atento, sentado en la tercera fila, quinto pupitre. Detrás de Alberto Sánchez Layos (nº 22) y delante de Gustavo de Santos (nº24). La ortografía de Miranda Podadera y el libro de Lenguaje de Bruño abierto de par en par.




Don Juan leía con voz cavernosa y pronunciación afectada. Nosotros amáramos, vosotros amareis, ellos amaren. El partido de fútbol de la hora anterior había resultado agotador. Habíamos ganado y he de decir que yo había hecho un partido aceptable. Un gol y un derroche de esfuerzo y tesón por mi parte ayudó a inclinar la balanza hacia nuestro equipo.


Como encargado del mes de llenar el vaso fui reclamado por Don Juan para que bajara a la fuente del patio a cumplir con mi tarea. Me levanté solícito y salí del aula. Los pasillos, hace unos minutos alegres y bulliciosos, se mostraban ahora limpios de polvo y paja. La cantinela se oía cada vez más apagada. Yo hubiera o hubiese amado, tú hubieras o hubieses amado. Bajé de dos en dos los peldaños de la gran escalera de caracol y llegué al hall. Miré el vaso verde, me lo acerqué a la nariz. Olía a agua y a saliva.



Salí al patio, el sol cegador y el encargado de mantenimiento eran las únicas presencias allí. Tras llenar el vasito, me até los cordones y me sequé el sudor de la frente con la manga de la sudadera. Chsst. Era el encargado de mantenimiento, al cual se le conocía como Pinchamoñigas, debido al palo que usaba para pinchar los papeles del suelo. Le miré extrañado. Ven aquí, me dijo. Se había sentado en un poyete y sostenía un libro amarillento entre sus manos. Ven aquí chaval, ¿como te llamas?. Alberto, le dije muy educado. Qué pasa, ¿que te han mandado a por agua?. Sí. ¿Sabes quien es Leibniz? No. Es un filósofo francés nacido en Leipzig. Leibniz en Leipzig. ¿Lo pillas? Qué conicidencia, ¿eh? Comenzó a reírse como un destontonado. Ah, ya, le contesté. Te gustaría besarle?, me preguntó. Bueno, le contesté. A mí me llaman el pinchamoñigas pero no me afecta porque leo a Leibniz. Ven, bésale. Me acercó el libro abierto donde aparecía un retrato de un hombre gordo con peluca. Lo besé. A ver, saca la lengua, ahora tienes que lamerlo, me dijo. Pero le voy a empapar la página, señor. Le contesté preocupado. No pasa nada, luego la seco. Además a Lebniz le gusta, y como él decía. "Si lames con gusto, todo lo feo se acaba" Ah, dije, y me puse a la tarea. Cuando al encargado de mantenimiento le pareció bien, cerró el libro y me miró pensativo. ¿Sabes, muchacho? Una cosa te he de decir, y esa cosa que te he de decir te la voy a decir ahora y es lo siguiente: "Hay dos clases de verdades: las del razonamiento y las de los hechos. Las verdades del razonamiento son necesarias y su contrario imposible; las verdades de hecho son contingentes y su contrario es posible." Ah, vale. Le contesté y me despedí de él con corteses maneras: Quede usted con Dios, buen hombre. Así sea, respondióme él. Yo subí rápidamente las escaleras hacia la clase, exaltado por todo lo que acababa de aprender. Al acercarme a la clase, pude apreciar que seguían con la tarabica: Yo hubiere amado, tú hubieres amado, el hubiere amado.