jueves, 21 de julio de 2011

Mamma Roma, de P.P.Passolini.




He visualizado, a lo lejos, Mamma Roma, con la Magnani, que hace de puta, vieja, está buena, tiene buenas tetas, da morbazo, huele a coño y pisa con garbo. El hijo es un vivalavirgen, no se entera, que la vida no era esto, y acaba mal, en la mierda, muerto como un perro judío. Es en blanco y negro la película, la he visto a cachos. Mientas jugaba al poker con mi ordenador (MClan). Se reía como una destontonada la mamma, no sé si es el doblaje o qué. Fallo piii. Ay, las calles de Roma, las afueras, la periferia, muy postmoderno eso, les gusta mucho a los nocilleros y a Fernández Porta. Sale una canción de Joselito, el niño castrato y de piernas cortas, que ahora anda jodido, como un jilguerillo con las plumas mojadas. También salen algunas prostitutas muy guapas, actrices que hacen de prostitutas, pero no es que sean prostitutas en la vida real, jejje :S. La he puesto un 7, pero luego he subido a un 8, porque es de Passolini y porque me ha podido la presión de la tradición y de las opiniones mayoritarias.

miércoles, 20 de julio de 2011

Celebración de la vida, de todo



Miro a mi alrededor y lo veo todo bien,
en realidad, no es que esté bien,
sino que yo me fuerzo,
y así lo veo bien.
Pasa un viejo y yo veo a un anciano
y hablo con él y le acaricio las sienes.
El sol cae sobre mis hombros,
me los quema un poco,
pero yo me río.
Dos chicas se pelean en el metro,
y pienso que me gustaría abrazarlas,
un rato solo.
Me duele la tripa, pero me aguanto,
porque Dios lo habrá querido así.
Bebo gazpacho, frutos de la tierra.
Quiero sentirme gazpacho y me lo echo por la cara.
Estoy muy bien.
Todo bien.

martes, 19 de julio de 2011

Larra y el pirateo



Ando estos días leyendo los Artículos de Larra. Sorprenden por lo actuales que parecen en los temas que trata. Me están gustando mucho. Sólo conocía el famoso Vuelva usted mañana, pero tiene algunos muy atinados. Espero poner mañana algún fragmento de algún artículo.

Este fragmento forma parte de "Dos palabras", una especie de prólogo que colocó al frente de El Pobrecito Hablador:

cuando no se le ocurra a nuestra pobre imaginación nada que nos parezca suficiente o satisfactorio, declaramos francamente que robaremos donde podamos nuestros materiales, publicándolos íntegros o mutilados, traducidos, arreglados o refundidos, citando la fuente, o apropiándonoslos descaradamente, porque como pobres habladores hablamos lo nuestro y lo ajeno, seguros de que al público lo que le importa en lo que se le da impreso no es el nombre del escritor, sino la calidad de lo escrito, y de que vale mas divertir con cosas ajenas que fastidiar con las propias.

No estoy muy de acuerdo en las líneas generales de lo que dice, imagino que habrá algo de ironía en sus palabras. Aunque Larra se basó en muchos de sus escritos en artículos previos de un scritor francés muy conocido en la época, Étienne de Jouy.

martes, 5 de julio de 2011

Nunca estás a la altura (Cuento al estilo de Borges)



Aún recuerdo el día que recibí la notificación médica: el diagnóstico estaba escrito en una lengua antigua que no comprendía, en símbolos a los que califican de cuneiformes. Sólo entendí la firma del Dr. Wozniaki. El documento venía matasellado con fecha de una semana antes, el mismo día en que fui llevado a su consulta.

Me senté junto al placard, justo cuando timbraron la puerta. Era Pierre Menard, el viejo librero con quien tantas tardes compartía la soledad de mi estancia.

—Traigo una novedad desconcertante
Le miré de forma inquisitiva. Portaba un paquete frívolo entre sus brazos. Le invité a mantener una conversación alrededor de mi mesa de estudio. Allí, con un inusual acaloramiento, me habló atropelladamente de los sofistas, de Locke y de teorías políticas que yo ignoraba. Solícito, le preparé un coñac con hielo como él gustaba.
—Olvidemos las disquisiciones y hablemos del paquete
Pierre se secó nervioso la frente con el delicado pañuelo florentino que acostumbraba a llevar en el bolsillo de la chaqueta. Desveló el misterio abriendo el paquete, mirándome.
—Es el Evangelio de Judas. Se lo he comprado al embajador del recién creado estado de Israel, Krastowsky. Él me lo ha contado todo. Judas traicionó a Jesús para ser así castigado y sacrificarse por nosotros. Fue un acto de amor y nunca se ha dicho.
Era conocida por mí, la irrefrenable carrera que habría emprendido Pierre Menard desde años atrás hacia la locura. Algo de lo que yo era culpable en cierta medida al haberle invitado a las conversaciones que mantenía con algunos íntimos amigos en la sala de la Biblioteca Nacional. Esto, y la mucha lectura desordenada y un carácter fácilmente impresionable habían malogrado a Pierre.
Me despedí de él poco tiempo después.
Recostado en la butaca intenté atraer al sueño. El misterioso diagnóstico médico y la visita acalorada de Pierre me impedían dormir. La idea de permanecer en vela de forma ociosa durante la noche me apenaba, dado mi natural inclinación a la laboriosidad. Me dispuse pues, a ojear algunos libros de los que me había hablado Pierre que recordaba tener en algún lugar de mi amplia biblioteca.
Cuando estaba elevado en un viejo taburete, presente que me otorgó mi madre en alguna celebración onomástica, caí de forma vergonzosa con mi desobediente cuerpo hacia atrás, con la mala fortuna de golpearme la cabeza con el saliente de la ventana que daba al zaguán.
Quedé aturdido y tuve visiones espantosas, vislumbré un compendio de laberintos y espejos que me duplicaban infinitamente, riéndose de mi desgracia.


Cuando desperté me encontraba frente al Dr.Wozniaki. Unas paredes de piedra y una puerta enrejada delataban mi estado.
El Dr. Wozniaki se dirigió a mí con una seguridad impostada:
—Era inevitable que tu caótico devenir te condujera aquí. Y ahora existe una ardorosa razón. Ayer asesinaste de forma vil a Pierre Menard.
Me revolví iracundo ante esa cruel mentira pero el Dr.Wozniaki me tiró a la cabeza el libro que portaba entre las manos. Estuve a punto de desmayarme del impacto pero acerté a ver el título de aquella obra. "Vindicación del Evangelio según San Judas. Las apostasías actualizadas". El libro quedó abierto por la última página. Allí se encontraba pegado un folio con el informe médico que recibí el día anterior: mi nombre había sido borrado. Los símbolos cirílicos presentaban ahora una legible escritura romana. Donde decía diagnóstico, escrito en caracteres que imitaban letra antigua se añadieron estas palabras: División del yo. Crueldad infinita. Insomnio. Amnesia selectiva.
Me creí un monstruo. Creo recordar que intenté matar al doctor, pero guardias uniformados me maniataron.


Debió de ser a partir de aquello cuando me enviaron a este lugar donde un espejo intenta hacerme recordar quién soy. Si mi nombre es Jorge Luis y si mi apellido es Borges. Si estoy condenado a inventar historias que me interpreten o si soy yo el intérprete de estas historias. O qué cojones está pasando aquí. Hostias putas ya.

martes, 28 de junio de 2011

Eva Braun




Ella nació en Munich, en el seno de una familia de clase media emergente y católica.
Hija de un maestro y una modista.
Trabajó como asistente de fotógrafo.
Eva Braun era de personalidad simple, afable, bromista. No tenía maldad.
No tenía maldad.
Ella no sabía. Ella no sabía.
Perseguía ideales románticos. Solo amor. A veces, solo a veces.
No era muy aria. Ya, ¿y? Era divertida.
A Eva Braun le gustaba hacer fotos y grabarse en video. Eso le gustaba mucho.
Patinaba y reía. Patinaba y reía.
También nadaba a braza.
Era una mujer. Murió por el cianuro.
Ella no sabía.
Te perdono, te hubiera acariciado. Tú no sabías.
Eva, tú no sabías.
Sabías solo un poco.
No te dejaban aparecer públicamente con él. Eras una amante.
Tu no sabías.

Lo sabías.
Guarra, cerda, prostituta, hija de puta.
Me gustas.
Que no te juzguen. No tienen razón. Solo querías ser feliz.
Tú con él. Alemania dentro de ti.
Alemania besándote. Alemania dejando pelos en tu lengua.
Lo sabías Eva, lo sabías.

Eva Braun se casó con Adolf Hitler, Adolf Hitler con ella. Dicen que murió embarazada. Tuvo una vida feliz. Muy feliz. Se rió mucho y trabó relación con muchas personas.
Miles de personas.

viernes, 13 de mayo de 2011

A veces
solo a veces gran amor


A veces
alguien te sonríe tímidamente en un supermercado
alguien te da un pañuelo
alguien te pregunta con pasión qué día es hoy en la sala de espera del dentista
alguien mira a tu amante o a tu hombre con envidia
alguien oye tu nombre y se pone a llorar.

A veces
encuentras en las páginas de un libro una vieja foto de la persona que amas y eso te da un tremendo escalofrío
vuelas sobre el Atlántico a más de mil kilómetros por hora y piensas en sus ojos y en su pelo
estás en una celda mal iluminada y te acuerdas de un día luminoso
tocas un pie y te enervas como una quinceañera
regalas un sombrero y empiezas a dar gritos.

A veces
una muchacha canta y estás triste y la quieres
un ingeniero agrónomo te saca de quicio
una sirena te hace pensar en un bombero o en un equilibrista
una muñeca rusa te incita a levantarle las faldas a tu prima
un viejo pantalón te hace desear con furia y con dulzura a tu marido.

A veces
explican por la radio una historia ridícula y recuerdas a un hombre que en vida fue tu amigo
disparan contra ti sin acertar y huyes pensando en tu mujer y en tu hija
ordenan que hagáis esto o aquello y enseguida te enamoras de quien no hace ni caso
hablan del tiempo y sueñas en una chica egipcia
apagan las luces de la sala y ya buscas la mano de tu amigo.

A veces
esperando en un bar a que ella vuelva escribes un poema en una servilleta de papel muy fino
hablan en catalán y quisieras de gozo o lo que sea morder a tu vecina
subes una escalera y piensas que sería bonito que el chico que te gusta te violara antes del cuarto piso
repican las campanas y amas al campanero o al cura o a Dios si es que existiera
miras a quien te mira y quisieras tener el poder necesario para ordenar que en ese mismo instante se detuvieran todos los relojes del mundo.

A veces
solo a veces gran amor.

Jose Agustín Goytisolo

http://www.youtube.com/watch?v=N9eO2Fmcvm0

3 Microrrelatos

Microrrelato

Voy a escribir un microrrelato. Parece que están muy de moda últimamente. Muy acordes con estos tiempos nuestros tan veloces y donde prima lo instantáneo, o eso dicen. Aunque la verdad no sé sobre qué escribir, ni cómo, ni por qué. Tendré que elegir a un protagonista, a ser posible alguien con el que me identifique o al que odie. Luego ponerle a hacer algo, no sé muy bien el qué, algo banal, preferiblemente. Sería bueno que ese algo tenga un trasfondo, que parezca una cosa y sea en realidad otra, que trascienda en cierta manera para que tú, lector, te quedes pensativo o intrigado, y luego cerrarlo en un par de frases, agudas y llenas de ingenio, que descoloquen. Y luego ponerle el punto final. Tal que así.


Apunte al natural


10 de Mayo de 2010
Estoy desconcertado. Algo raro me ha sucedido hoy: en el descanso de media mañana tomando el café en el bar vi una servilleta de papel arrugada y pintarrajeada en el suelo. Como soy de natural curioso la cogí y leí lo que allí decía:
"Un día me morí. No recuerdo muy bien cuando fue exactamente ni cómo ocurrió todo. La espada que tengo clavada en el pecho me lo recuerda y, aunque ya no sangra debido al paso del tiempo, me molesta cuando ando. A veces temo caerme de bruces y que se me clave más profundamente de lo que ya lo está, pero luego me río para mis adentros al darme cuenta de que esto no agravaría la situación..."
Dejé de leer, intrigado, pues aquello me resultaba familiar. Me guardé la servilleta en el bolsillo y volví a la oficina. Esta tarde al llegar a casa, he rebuscado en mi viejo diario y he encontrado una anotación de hace hoy justamente un año, en las que repetía exactamente las mismas palabras que aparecen en la servilleta. No sé por qué pero este suceso me ha hecho dudar de si estoy vivo o no.

Yo

Desde hace un tiempo me vengo comportando de otra forma. Me encuentro con una amiga y me recuerda a una divinidad griega. Mi perro me parece que son todos los perros, como dijo Borges. Cuando te miro a ti veo a un personaje de Musil. Cuando voy al baño, me siento en la taza como pienso que lo habría hecho Kafka. Escribo SMS a la manera de Kierkegaard. Ando por la calle como Ramiro de Maeztu. Fumo como Onetti. Me rasco la cabeza como Galdós. Me acomodo los testículos como lo hubiera hecho Balzac. Eyaculo como Joyce. Conduzco como Sebald. Me río como Poe y lloro como Jorge Guillén. Mastico como Cervantes, me cepillo los dientes como Svevo e intento ligar como Pavese. Es decir, soy yo, tú, todos y ninguno.

domingo, 24 de abril de 2011

Opiniones (así sin ton ni son, a lo loco, según vengan, así a lo bobo, como un perro bobo, sin conocimiento ninguno, así por decir algo, no sé, como pff venga voy a decir algo y lo que salga, como un destontonao).


Hola, ¿qué tal? Voy a opinar sobre cosas.

La semana pasada tenía que coger un avión de Málaga a Madrid y cuando me dirigía al aeropuerto me di cuenta de que estos no pegan en nuestra sociedad actual, son anacrónicos; porque el autobusero que nos acerca al aeropuerto acaba de decir que ve un pograma y que esto que es lo que es, y nos comemos un bocata de choped y nos sacudimos las migas de un chándal que hace bolitas y de golpe entramos en un espacio limpio, amplio, enorme, que parece que viene del futuro para que disfrutemos en él, con tecnología punta, suelos encerados, trabajadores uniformados, cantidad de paneles con lucecitas que informan con códigos de letras y números sobre terminales y puertas de embarque. Y nos subiremos a un aparato que irá por los cielos a cientos de metros de altura y nos transportará de un lado a otro a una velocidad que ni imaginamos. Por ello pienso que los aeropuertos no pegan con nuestros tiempos, son demasiado avanzados y peligrosos, o nos ponemos todos a su altura o acabamos con los aeropuertos, porque hacen creer en un mundo más ordenado y eficiente; !y pensar que ya existían en los años 50!, !o antes!, !mundo de locos...!

Salamanca, desde el río Tormes


Pero no es de esto de lo que quería hablar en este mi espacio, sino de los documentales de la 2; yo soy muy de documentales de la 2, me gustan mucho, la verdad; sobre todo cuando analizan temas actuales, que se meten por las rendijas y los entresijos filosofo-social-economi-lírico-sexuales de nuestra contemporaneidad. Esto es lo que mas va. El otro día vi uno sobre la menstruación. Decían que la regla es un tabú, que denota suciedad, rotura, asco y olor y que hay que taparla. Antiguamente se pensaba que las mujeres con menstruación no podían regar las flores porque las secaban, ni tocar a los niños, ni otras muchas cosas. Me pareció curioso. Luego me quedé dormido.

También vi otro sobre el tráfico de armas. Hay gente que se dedica a eso. A vender armas, y saca mucho dinero así; vamos, más bien se forran. Pensé que para ganar mucho dinero en esta vida hay que dedicarse a sectores paralegales o ilegales. Tráfico de armas, de drogas, trata de blancas, evasión de impuestos o si no, ser alguien en un sector que le guste mucho a la gente, como el fútbol o el mundo del corazón o hacer algo muy extravagante, llamar la atención.

Luego pensé que para qué valía ganar tanto dinero, pensé que para comprar más cosas o mejores y que eso te llevaría a vivir más cosas o mejores, visitar más sitios, tener unas experiencias estrambóticas, conocer a chicas muy atractivas y mearte en todo. Pero en realidad esto se puede hacer con poco dinero, o más bien, para qué vale hacer todo esto, por qué no mejor vivir en el término medio, tomar leche de soja y vestir pantalones de pana. Si total, el día de mañana hemos de morir. Se hace raro pensar que vamos a morir algún día. No quiero que te sientas mal por ello, pero saberlo ya es algo.

Bueno, pues he de acabar ya este artículo de opinión tan bien estructurado, con sus ideas razonadas y sus conclusiones lógicas. Espero que te haya sido de cierto agrado el leerlo. Un besito.


(Estos escritos que voy poniendo son lo que voy haciendo en el taller literario de Fuentetaja)

domingo, 20 de marzo de 2011

En la línea de salida

Antonio Petigrew se encontraba aquella tarde-noche de sábado en la línea de salida de la prueba reina del atletismo de los Juegos Olímpicos de Atenas´2004: los cien metros lisos. Se había colocado ya las pegatinas con su dorsal a ambos laterales de su maillot y ahora procedía a realizar todo el ritual que venía haciendo desde que era un chaval y empezó a competir en su Macon natal. Palmadas fuertes en la cara anterior y posterior de los muslos para desentumecerlos, flexión de cabeza a ambos lados para relajar el cuello, besar y resguardar el crucifijo por debajo de la camiseta, sintiéndolo en su piel, respiraciones profundas y violentas y mirada concentrada en la recta que tenía por delante, usando una visión de túnel.

El speaker del estadio iba nombrando uno a uno a los participantes en la final. Antonio estaba en la calle 5, una de las calles centrales, las que reservan para los favoritos, y él sin duda que lo era. Cuando se anunció su nombre, el estadio se unió en sonoros aplausos y vítores. Antonio Pettigrew pensó entonces en su madre, que estaría entre el público, quizás ya emocionada. Había intentado convencerla para que le siguiera por televisión, pero ella quiso cruzar el océano en avión para estar cerca de él.


El estadio se había ido llenando a lo largo de la tarde y ahora lucía a rebosar. Era Atenas, cuna del olimpismo y era agosto, temporada cálida y propicia para este tipo de acontecimientos.

Antonio sabía que estaba ante uno de los momentos cruciales en su carrera deportiva y, por extensión, de su vida. Había llegado a la cita en un gran estado de forma física, con la mejor marca del año, y había que demostrarlo.



A su mente vinieron recuerdos de los duros entrenamientos a los que se sometía diariamente, las aburridas sesiones de gimnasio, la alimentación rigurosa, las transfusiones de sangre secretas, etc. Todo, para hacerlo bien durante menos de diez segundos. A esto se le sumaba el premio económico, unos 50 mil dólares pagados por el COI, el seguir recibiendo becas, el marketing y posibles nuevas campañas publicitarias, lo que le permitiría seguir con su estilo de vida, su casa en Miami, su deportivo y por qué no decirlo, las fiestas en las que abundaba el alcohol y las prostitutas de lujo a las que invitaba desprendidamente a amigos y conocidos.
Los fotógrafos se apelotonaban en la línea de salida inmortalizando los gestos nerviosos de los atletas. Del gentío de las gradas también salían flashes alternativamente.


El juez dio la orden de que se dirigieran a los tacos de salida; Antonio tragó saliva y respiró hondo y agachándose, dispuso su esforzada musculatura en una posición tensa, los brazos en línea, las piernas flexionadas, con una rodilla en el suelo y los ojos perdidos, mirando a lo lejos, al infinito.

- ¡Preparados!

El estadio enmudeció. Los videomarcadores retransmitían, agrandado, el crucial instante.

- ¡Listos!

Antonio Pettigrew, dorsal 21, nacido en Macon, GA, en 1987, con una mejor marca personal de 9.86, conseguida en los campeonatos nacionales de su país, levantó el culo y tragó saliva por última vez.

-¡Ya!

jueves, 3 de marzo de 2011

El subjuntivo de amar

Era mayo o así. La agitada clase de gimnasia había terminado y ahora volvíamos a estar en el aula, con Don Juan, el profesor que olía a rapé y a colonia de viejo. La mariconera posicionada a la derecha de su mesa, el vaso verde de plástico en el centro y el abrigo con forro de borrego colgado en el perchero y él sentado correctamente en su silla de profesor mientras explicaba la segunda parte y más difícil de las conjugaciones verbales, el subjuntivo. Todo en orden. Yo ame, tú ames, él ame. Interesante. Yo, muy atento, sentado en la tercera fila, quinto pupitre. Detrás de Alberto Sánchez Layos (nº 22) y delante de Gustavo de Santos (nº24). La ortografía de Miranda Podadera y el libro de Lenguaje de Bruño abierto de par en par.




Don Juan leía con voz cavernosa y pronunciación afectada. Nosotros amáramos, vosotros amareis, ellos amaren. El partido de fútbol de la hora anterior había resultado agotador. Habíamos ganado y he de decir que yo había hecho un partido aceptable. Un gol y un derroche de esfuerzo y tesón por mi parte ayudó a inclinar la balanza hacia nuestro equipo.


Como encargado del mes de llenar el vaso fui reclamado por Don Juan para que bajara a la fuente del patio a cumplir con mi tarea. Me levanté solícito y salí del aula. Los pasillos, hace unos minutos alegres y bulliciosos, se mostraban ahora limpios de polvo y paja. La cantinela se oía cada vez más apagada. Yo hubiera o hubiese amado, tú hubieras o hubieses amado. Bajé de dos en dos los peldaños de la gran escalera de caracol y llegué al hall. Miré el vaso verde, me lo acerqué a la nariz. Olía a agua y a saliva.



Salí al patio, el sol cegador y el encargado de mantenimiento eran las únicas presencias allí. Tras llenar el vasito, me até los cordones y me sequé el sudor de la frente con la manga de la sudadera. Chsst. Era el encargado de mantenimiento, al cual se le conocía como Pinchamoñigas, debido al palo que usaba para pinchar los papeles del suelo. Le miré extrañado. Ven aquí, me dijo. Se había sentado en un poyete y sostenía un libro amarillento entre sus manos. Ven aquí chaval, ¿como te llamas?. Alberto, le dije muy educado. Qué pasa, ¿que te han mandado a por agua?. Sí. ¿Sabes quien es Leibniz? No. Es un filósofo francés nacido en Leipzig. Leibniz en Leipzig. ¿Lo pillas? Qué conicidencia, ¿eh? Comenzó a reírse como un destontonado. Ah, ya, le contesté. Te gustaría besarle?, me preguntó. Bueno, le contesté. A mí me llaman el pinchamoñigas pero no me afecta porque leo a Leibniz. Ven, bésale. Me acercó el libro abierto donde aparecía un retrato de un hombre gordo con peluca. Lo besé. A ver, saca la lengua, ahora tienes que lamerlo, me dijo. Pero le voy a empapar la página, señor. Le contesté preocupado. No pasa nada, luego la seco. Además a Lebniz le gusta, y como él decía. "Si lames con gusto, todo lo feo se acaba" Ah, dije, y me puse a la tarea. Cuando al encargado de mantenimiento le pareció bien, cerró el libro y me miró pensativo. ¿Sabes, muchacho? Una cosa te he de decir, y esa cosa que te he de decir te la voy a decir ahora y es lo siguiente: "Hay dos clases de verdades: las del razonamiento y las de los hechos. Las verdades del razonamiento son necesarias y su contrario imposible; las verdades de hecho son contingentes y su contrario es posible." Ah, vale. Le contesté y me despedí de él con corteses maneras: Quede usted con Dios, buen hombre. Así sea, respondióme él. Yo subí rápidamente las escaleras hacia la clase, exaltado por todo lo que acababa de aprender. Al acercarme a la clase, pude apreciar que seguían con la tarabica: Yo hubiere amado, tú hubieres amado, el hubiere amado.

lunes, 28 de febrero de 2011

Hola! Soy Lydia de GH


Querido diario:

Hacía días que no escribía nada y ahora que tengo un ratito libre he pensado volver a escribir. Hoy ha sido un día un poco movidito. Nos hemos despertado pronto, como todos los días. Aquí como no tenemos reloj, la verdad es que no sabes ni qué hora es, y yo que siempre he sido muy de horarios y de hacer todo a su hora, me vuelve un poco crazy todo esto. Pero bueno, lo estoy llevando bien, la verdad. Yago y Marta han sido los primeros que se han levantado y han llevado al burrito nuevo que nos han traído a su cuadra, porque se había salido entre la noche; le hemos puesto de nombre Tato, a mí me encanta, me parece genial, es como un pony, a ver si algún día nos dejan montarnos en él!. Aunque ayer se puso un poco brusco cuando intenté meterlo en la casa y me hizo así como un mal gesto. -Burrito malo- le dije- y él ni caso, así que le dejé por imposible. Mira que si me llega a dar una coz... Bueno, a lo que iba, me levanté y cogí mi bolsa de aseo. Laura y Marcelo seguían durmiendo como lirones así que les toqué un poco para que se despertaran. Parece que han vuelto a dormir juntos, entre la noche escuché el traqueteo que se traían. Dámaso estaba ya en el baño, le di dos besitos de buenos días y le pregunté si había dormido bien. Me dijo que sí. Es una pena que le hayan tenido que cambiar de cama, pero como el pobre es sonámbulo no es plan que en medio de la noche se levante y nos de un susto de muerte a los demás. Imagínate el panorama. Me duché y me puse mi vestidito negro, creo que nunca me lo he puesto desde que estoy aquí. Es un vestido muy sexy, a mí por lo menos me encanta. Es cortito y tiene el escote en forma de pico; me lo compré el verano pasado y me acompañó Tiziano para comprármelo. ¿Cómo estará él ahora? Pienso mucho en él. Espero que haya vuelto con su novio; hacían muy buena pareja.

Luego me he hecho el desayuno. Me he preparado unas tostaditas y el vasito de leche desnatada. Hay que cuidar la línea, y más ahora que tenemos cámaras enfocándonos todo el día. La verdad es que estoy supercontenta de que nos hayan puesto un minigimnasio, así por lo menos puedo hacer mis ejercicios y vaya que si lo he notado...! Ya notaba algo de flacidez en los muslos y los glúteos, pero ahora vuelvo a estar más tonificada.

Con Yago sigo teniendo muy buen rollo. La verdad es que es un chico superespecial para mí dentro de la casa, tiene mogollón de carisma y me hace mucho reír. Me lo paso muy bien con él. Hoy han estado todo el día tirándome pullitas que si me gusta o si me deja de gustar. Yo nunca me liaría con él, es guapo y tal pero no es mi tipo de chico.

Después de desayunar he ido a darle de comer a Tato, en cuanto me ve se pone inquieto porque sabe que le llega la hora de comer. Tienes hambre ya, ¿eh, glotón? - le suelo decir, y él me mira con esos ojazos oscuros tan monos que tiene, yo le abrazo del cuello y me gusta juntar mi cara con su cara y a veces me sorprendo porque le huele el aliento a pienso, he pensado comprar un cepillito de dientes para quitarle ese olor que me parece de lo peor.

Con Dámaso, mi amore, he tenido una conversación la mar de interesante. Me ha estado contando sus experiencias cuando fue monaguillo, me ha contado que llegó a dar la primera comunión, la ostia, como dicen ellos. La verdad es que es un chico que ha tenido unas vivencias superfuertes. Por lo visto el chiquillo se pasaba horas y horas rezando el rosario en su casa y que disfrutaba haciéndolo. Yo le noto supercambiado desde que entró en la casa. Antes parecía un paletillo de pueblo y ahora con la cresta tan mona que le hemos preparado y los consejos que le he dado de estilismo está mucho más divino. A veces le digo que entró como un niño y se va a ir como un hombre y él se ríe. El pobre me ha contado que nunca ha estado con un chico; cuando salgamos le voy a presentar a alguno de mis amigos. He pensado que Tiziano le podría enseñar muchas cosas, con lo lanzado que es... :)

Por la tarde hemos estado liados con la prueba; la que nos han puesto esta semana me parece muy divertida, la verdad es que me veo superrara vestida al estilo de Venecia, a los chicos les queda mejor el traje de gondoleros :). Tenemos que cantar canciones de Alejandro Sanz, Sergio Dalma y Mónica Naranjo. Dámaso es el que mejor se lo pasa, se agarra al palo de la fregona y no hay quien lo suelte.
Por la noche hemos comido todos juntos, me tocaba a mí hacer la cena y he hecho unos huevos fritos con patatas. Los huevos no me han quedado del todo mal y eso que soy un poco desastre en la cocina. Al menos se lo han comido todo!

En fin, querido diario, otro día más dentro de esta experiencia inolvidable. Me acuerdo mucho de papá y mamá y de todos mis amigos. Espero que estén todos muy bien y que estén orgullosos de mí y de mi comportamiento aquí. Yo procuro ser muy amable y llevarme bien con todos mis compañeros porque paso de malos rollos y peleas. Lo único que hecho de menos es haber encontrado a alguien especial aquí dentro, para enamorarme; hoy lo estuve hablando con Dámaso y la verdad es que enamorarse es una sensación superbonita y especial, que estás como atontada y feliz y lo echo mucho de menos.

Bueno, me despido ya, voy a echarme las cremitas y a dormirme ya que dentro de poco apagan las luces.
Kiss!

miércoles, 23 de febrero de 2011

Me acuerdo

Me acuerdo de la primera película que vi en un cine: Cariño, he encogido a los niños.

Me acuerdo de muchos sueños en los que encuentro monedas entre la arena.

Me acuerdo del profesor de 3º de EGB, Don Juan, que escogía entre nosotros a un encargado de ir a la fuente del patio del colegio para llenarle el vaso de agua. Alguna vez fui el elegido.

Me acuerdo de intentar hacer pan en casa y de que aquello no había quién lo comiera.

Me acuerdo del gol de Mijatovic contra la Juventus en la final de la copa de Europa. Me acuerdo de la frase del comentarista: "¡Ha marcado el Madrid, ha marcado Mijatoviiiic!" y del portero Bodo Illgner con los brazos en alto.



Me acuerdo cuando camino de la guardería, mi padre se encontró una pelota pequeña de goma, y que la guardamos en el tronco de un árbol. Fue un momento increíble, el salir de la guardería, por la tarde, y ver que la pelota seguía allí, escondida.

Me acuerdo de mi primera experiencia sexual, con una mujer mayor que era enfermera. Me acuerdo de que apenas me empalmé y de que no me gustó demasiado.

Me acuerdo de que los niños más gordos de clase jugaban al baloncesto y el resto jugábamos al fútbol.

Me acuerdo de las uñas de Gail Devers, corredora norteamericana especialista en pruebas de velocidad.



Me acuerdo de que los más sabían de la vida de entre mis amigos, decían que si los skins llevaban la cazadora del revés (las bombers), enseñando un forro naranja, es que querían pelea.

Me acuerdo de que no hice la Confirmación.

Me acuerdo de cuando me ponía el pantalón de chándal debajo de los vaqueros para parecer que tenía las piernas más gordas.

Me acuerdo del primer día de colegio; a los del D nos pusieron una cartelito naranja con nuestro nombre. Me acuerdo de que unos niños mayores se burlaron de mí diciéndome que si era primo de Marta Sánchez, debido a mi apellido.



Me acuerdo de aquellas mañanas extrañas en que mi madre me llevaba en un taxi al dentista y me perdía colegio. No me gustaban mucho y menos, el sabor del flúor.

Me acuerdo de las tardes en el hostal de mi abuela viendo Hablando se entiende la basca, esperando a que llegara mi madre. A ese programa iban chicos y chicas molones que decían palabras nuevas para mí, como "a tope", "enrollarse", "comerse el coco" o "pasar de todo".

Me acuerdo de la canción Judas, el miserable, que tarareé algún día de camino al colegio.



Me acuerdo de un sábado con mis amigos cerca del colegio y que uno dijo que venían unos skins hacia nosotros. Recuerdo que empezamos a correr como almas en pena y que yo me refugié en un Día durante media hora. Aquellas anécdotas daban para horas de conversación durante la semana.

Me acuerdo de que, en el colegio, todos queríamos bajar a enfermería a acompañar al que estuviera enfermo.

Me acuerdo de la cuchara de lentejas que, simulando una avioneta, se acercaba hacia mi boca.